¿Y si te dijera que las misiones no son "un ministerio más" de la iglesia, sino el hilo que une toda la Biblia de principio a fin?
Muchas veces, cuando abrimos la Biblia, la vemos como una colección de historias del pueblo de Dios, un libro de promesas, un manual de doctrina, o una guía de cómo agradar a Dios. Y sí, todo eso está presente en las Escrituras. Pero hay algo mucho más grande.
La misión NO empieza en Mateo 28:18 con la Gran Comisión. No empieza con la fundación de la iglesia en Hechos 2. No empieza con los primeros misioneros que salieron a predicar.
La misión empieza con Dios mismo, porque Él es un Dios que envía, busca, sale al encuentro, rescata y restaura.
El origen de la misión: Dios busca al ser humano
La historia en Génesis comienza hermosamente. Dios crea un mundo perfecto, lleno de belleza, orden y propósito. Crea al ser humano a su imagen y lo coloca en el jardín de Edén. Pero entonces... el ser humano lo arruina todo.
Adán y Eva deciden que pueden vivir sin Dios, que pueden determinar por sí mismos qué es bueno y qué es malo. Y con esa decisión entra el pecado, se rompe la relación con Dios, llega la muerte y se destruye la armonía de la creación.
"Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?"
— Génesis 3:9
Dios NO se cruza de brazos resignado. Dios NO cancela el proyecto y empieza de cero. Dios NO abandona a la humanidad a su suerte. Dios sale a buscar. Es Dios buscando al ser humano que se esconde. La misión nace en el corazón de Dios.
Luego, en Génesis 12, vemos el plan maestro de Dios en acción. Dios llama a Abraham y le hace una promesa extraordinaria:
"Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición para otros... y serán benditas en ti todas las familias de la tierra."
— Génesis 12:2-3
Dios escoge a Abraham con un propósito global: para que a través de él, TODAS las familias de la tierra sean bendecidas. Desde el principio, desde Génesis 12, Dios tiene a todas las naciones en su corazón.
→ La elección nunca fue privilegio; siempre fue responsabilidad.
→ La bendición nunca fue para acumular; siempre fue para compartir.
Israel: un pueblo llamado a reflejar a Dios
Dios forma a Israel como nación después de liberarlos de la esclavitud en Egipto. Y antes de darles la ley en el Monte Sinaí, les dice algo fundamental:
"Ahora bien, si me obedecen y cumplen mi pacto, ustedes serán mi tesoro especial entre todas las naciones de la tierra... Ustedes serán mi reino de sacerdotes, mi nación santa."
— Éxodo 19:5-6
Un sacerdote es un mediador: alguien que representa a Dios ante el pueblo y acerca a las personas a Dios. Israel no fue llamado a esconderse del mundo. Israel fue llamado a ser una luz que atrajera a las naciones hacia Dios.
Pero la historia es desalentadora. Israel falla. Desobedece. Se vuelve igual a las naciones paganas que lo rodean. En lugar de reflejar a Dios, lo representa mal.
→ Cuando el pueblo de Dios vive igual que el mundo, la misión no avanza.
→ Cuando no hay diferencia visible entre el creyente y el no creyente, el evangelio pierde credibilidad.
Pero aun cuando Israel falla repetidamente, Dios no abandona su plan misionero. En Isaías 49:6, Dios promete: "Yo te haré luz para los gentiles, y llevarás mi salvación a los confines de la tierra."
La misión de Dios NO depende de la perfección humana. La misión de Dios depende de la fidelidad de Dios.
Jesús: el cumplimiento y centro de la misión
Aquí todo cobra sentido. Aquí todas las piezas del rompecabezas encajan. Jesús es el clímax de la historia que Dios ha estado escribiendo desde Génesis.
Mateo comienza su evangelio dejándolo clarísimo: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham." ¿Por qué menciona a Abraham? Porque Jesús es el descendiente prometido, aquel a través del cual TODAS las naciones serían bendecidas.
El verdadero Israel
El que sí obedeció perfectamente
El verdadero Sacerdote
El que representa a Dios perfectamente
El verdadero Hijo
El que lleva a cabo la misión de Dios
"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad."
— Lucas 4:18-19
Muchos pensaron que la cruz fue el final de la historia. Pero la cruz fue solo el inicio de una nueva etapa en la misión de Dios. Después de resucitar, Jesús les dice a sus discípulos:
"Como me envió el Padre, así también yo los envío."
— Juan 20:21
La misión continúa. Ahora la estafeta está en nuestras manos.
La Iglesia: enviada al mundo en el poder del Espíritu Santo
"Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones..."
— Mateo 28:18-20
Necesitamos una corrección radical de nuestra visión de la iglesia. La iglesia NO es un refugio para escapar del mundo, ni un evento de los domingos, ni un edificio donde nos reunimos.
La iglesia ES:
- → Un pueblo enviado al mundo
- → Una comunidad misionera con un propósito divino
- → Embajadores de Cristo en la tierra
En Hechos 1:8, Jesús nos da el mapa estratégico de la misión:
Jerusalén
Tu ciudad, tu colonia, tu familia, tu trabajo
Judea
Tu región, tu estado, tu país
Samaria
Los que son "diferentes" a ti (cultural, racial, socialmente)
Lo Último de la Tierra
Cada nación, tribu, pueblo y lengua
"Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!»"
— 2 Corintios 5:20
No todos son llamados a dejar su país e ir como misioneros transculturales. Pero TODOS somos llamados a participar en la misión de Dios.
El final de la historia: Dios será adorado por todas las naciones
La Biblia termina con una visión gloriosa. Juan, desterrado en la isla de Patmos, recibe una revelación del cielo:
"Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero."
— Apocalipsis 7:9-10
Esta es la culminación de toda la historia. Una multitud innumerable, de todas naciones, tribus, pueblos y lenguas. Es diversidad unida en adoración al único Dios verdadero.
→ La misión de Dios SÍ se va a cumplir.
→ Dios SÍ va a recibir gloria de todas las naciones.
→ El plan que comenzó en Génesis LLEGARÁ a su culminación.
La pregunta no es: "¿Podrá Dios cumplir su misión?" La pregunta es: "¿Vamos a ser parte de ella o vamos a quedarnos como espectadores?"
¿Cómo puedes ser parte?
Despierta a la realidad misionera
Deja de ver la iglesia como un servicio que consumes. Comienza a verte como parte de una comunidad enviada.
Comienza donde estás
Testifica en tu trabajo, escuela, familia. Alcanza a tus vecinos con el evangelio.
Ora de manera diferente
Pide por los misioneros y clama por pueblos no alcanzados.
Da generosamente
Aparta recursos para financiar la extensión del Reino y sostener misioneros.
Prepárate para ir
Considera seriamente un viaje misionero y explora oportunidades de servicio a largo plazo.
Dios te salvó para que seas de bendición a otros.
¿Vas a ser parte de la historia que Dios está escribiendo?